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viernes, 5 de abril de 2019

10.- Teorias del desarrollo (Freud, complejo de edipo)



Desarrollo psicosexual de Freud
Los Estadios
Para Freud la pulsión sexual es la fuerza motivacional más importante. Es cierto que la capacidad orgásmica está presente desde el nacimiento, pero Freud no solo hablaba de orgasmo. La sexualidad no comprende en exclusiva al coito, sino todas aquellas sensaciones placenteras de la piel.
Freud observó que, en distintas etapas de nuestra vida, diferentes partes de la piel que nos daban mayor placer. Vio que los infantes obtenían un gran monto de placer a través de chupar, poco más tarde en la vida, el niño concentra su atención al placer anal de retener y expulsar. Alrededor de los tres o cuatro años, el niño descubre el placer de tocarse sus genitales. Y solo más tarde, en nuestra madurez sexual, experimentamos un gran placer en nuestras relaciones sexuales.
Freud postuló su teoría de los estadios psicosexuales.
La etapa oral se establece desde el nacimiento hasta alrededor de los 18 meses. El foco del placer es la boca.
La etapa anal se encuentra entre los 18 meses hasta los tres o cuatro años de edad. El foco del placer es el ano.
La etapa fálica va desde los tres o cuatro años hasta los cinco, seis o siete. El foco del placer se centra en los genitales.
La etapa de latencia dura desde los cinco, seis o siete años de edad hasta la pubertad, más o menos a los 12 años.
La etapa genital empieza en la pubertad y representa el resurgimiento de la pulsión sexual en la adolescencia, dirigida más específicamente hacia las relaciones sexuales.
La crisis Edípica
Cada estadio comprende una serie de tareas difíciles propias de donde surgirán multitud de problemas. Para la fálica, es la crisis edípica, llamada así por la historia griega del rey Edipo.
Crisis edípica. El primer objeto de amor de todos nosotros es nuestra madre. El niño tiene un rival, personificado en su padre.
Ya en el momento en que el niño se da cuenta de esta relación arquetípica, ya se ha percatado de las diferencias entre niños y niñas, Desde su punto de vista párvulo, la diferencia estriba en que tiene un pene, cosa que no tiene la chica. En este período de la vida, éste cree que es mejor tener algo que carecer de ello, por lo que se siente satisfecho y orgulloso de poseerlo.
Pero, aparece la pregunta: ¿y dónde está el pene de la niña? Quizás lo ha perdido de alguna forma. Quizás se lo cortaron. ¡Quizás lo mismo me puede pasar a mí! Este es el inicio de la ansiedad de castración.
El niño, al reconocer la superioridad de su padre y temiendo a su pene, empieza a poner en práctica algunas de sus defensas yoicas. Desplaza sus impulsos sexuales a su madre hacia las chicas y posteriormente a las mujeres. Y se identifica con el agresor, su papá, e intenta parecerse cada vez más a él; esto es, un hombre.
Disolución del complejo de Edipo
EL complejo de Edipo va designándose cada vez más claramente como el fenómeno central del temprano período sexual infantil.
El complejo de Edipo consiste en deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores, posteriormente conforme el desarrollo sexual del niño avanza hasta una fase en la que los genitales se han adjudicado ya el papel directivo, es entonces cuando el super yo se va formando y prohíbe el incesto severamente, para entrar a un periodo de latencia donde las aspiraciones libidinales son desexualizadas y sublimadas por una parte y mudadas a emociones tiernas.
Existen 2 hipótesis acerca de la causa de la disolución del complejo de Edipo:
  1. Decepciones dolorosas sufridas por el sujeto:
  • La niña que se cree objeto preferente del amor de su padre recibe un día una dura corrección por parte de éste y se ve expulsada de su feliz paraíso.
  • El niño que considera a su madre como propiedad exclusiva suya la ve orientar de repente su cariño y sus cuidados hacia un nuevo hermanito.
  1. El complejo de Edipo tiene que desaparecer porque llega el momento de su disolución:
  • Como los dientes de leche se caen cuando comienzan a formarse los definitivos, Aunque el complejo de Edipo es vivido también individualmente por la mayoría de los seres humanos, es, sin embargo, un fenómeno determinado por la herencia, y habrá de desaparecer conforme a una trayectoria predeterminada, al iniciarse la fase siguiente del desarrollo.
Si la satisfacción amorosa basada en el complejo de Edipo ha de costar la pérdida del pene, surgirá un conflicto entre el interés narcisista por el pene y el afecto a la madre. normalmente el complejo de Edipo sucumbe a la amenaza de castración.
La autoridad del padre o de los padres introyectada en el yo constituye en él el nódulo del Super Yo, que toma del padre perpetúa su prohibición del incesto y garantiza así al yo contra el retorno de las cargas de objeto libidinosas.
Este proceso ha salvado, por una parte, los genitales, apartando de ellos la amenaza de castración; pero, por otra, los ha paralizado, despojándolos de su función. Con él empieza el período de latencia que interrumpe la evolución sexual del niño.
Hay considerar el apartamiento del yo del complejo de Edipo como una represión, aunque la mayoría de las represiones ulteriores se produzcan bajo la intervención del Super-Yo,
Si el yo no ha alcanzado realmente más que una represión del complejo, éste continuará subsistiendo, inconsciente, en el Ello y manifestará más tarde su acción patógena.
También el sexo femenino desarrolla un complejo de Edipo, un Super-Yo y un período de latencia. Pueden serle atribuidos asimismo un complejo de castración y una organización fálica
La niña no considera su falta de pene como un carácter sexual, sino que la explica suponiendo que en un principio poseía un pene igual al que ha visto en el niño, pero que lo perdió luego por castración.
Resulta, pues, la diferencia importante de que la niña acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el niño teme la posibilidad de su cumplimiento.
Con la exclusión del miedo a la castración desaparece también un poderoso motivo de la formación del Super-Yo y de la interrupción de la organización genital infantil.
Estas formaciones parecen ser, más que en el niño, consecuencias de la intimidación exterior que amenaza con la pérdida del cariño de los educadores.
El complejo de Edipo de la va muy pocas veces más allá de la sustitución de la madre y la actitud femenina con respecto al padre.
La renuncia al pene no es soportada sin la tentativa de una compensación.

Su complejo de Edipo culmina en el deseo, retenido durante mucho tiempo, de recibir del padre, como regalo, tener de él un hijo.                                                                                                    
Experimentamos la impresión de que el complejo de Edipo es abandonado luego lentamente, porque este deseo no llega jamás a cumplirse.

me llamo la atencion este articlo es muy basico pero puede ayudar
edipo en el adulto